¿Alguna vez has sentido que te perdiste?

La ruta la trazaste desde que tenías 12, ya sabías a dónde querías llegar, teniendo bien claro que el camino no sería fácil, que estaría lleno de laberintos y falsos atajos, decidiste en ese entonces que no ibas a permitir que nada ni nadie te desviara de el, los obstáculos serían superados y te vanagloriarías en tus logros, en tu felicidad, que quizá no ibas a compartir, ya que el trayecto implicaba dejar ciertas cosas para ciertas personas… en efecto… tú no eras como esas personas, siempre supiste que había algo que te hacía diferente del resto, algo que se notaba a simple vista, lo anterior alejaba a muchos y acercaba a pocos, esos pocos que llegaron para ser tu Virgilio.

Siempre que te detenías a contemplar el sendero recorrido, sentías orgullo, sabías que ibas por la ruta correcta.

Esta vez algo que siempre habías ignorado, te detiene provocando que revalúes la meta, abrumándote con dudas, con nuevas posibilidades, mostrándote el paraíso dónde nunca lo habías visto, todo se ha detenido,sientes que has perdido tiempo, la meta inicial se ve lejos y brumosa, algo ha pasado, dudas, sentimientos inútiles, ilusiones mal logradas y estancamiento te han invadido, miras atrás el recorrido era bueno… ¿pero a caso era lo que te haría feliz? es ahora cuando después de tantos años tomas en cuenta a la felicidad etérea como parte de la ruta, has entrado en algo así como en un espasmo emocional, donde hay mas dudas que respuestas.

Casi al estar perdiendo la razón, te acuerdas de “eso”, ese futuro del cual has tenido probaditas…ves hacía atrás y te das cuenta que en efecto… VAS BIEN!!! lo anterior sólo era un obstáculo del camino que no habías contemplado, las variables emocionales no habían sido cartografiadas.

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