¿Cuántas veces no hemos escuchado quejarse a una mujer de su pareja o similar,? ¿Cuántas veces no las hemos visto llorar, enojarse y llegar a enloquecer por las dudas, aflicción e incertidumbre?

Siempre que esto sucede muchas ocasiones hay una voz., interna o externa que dice “Usted Aguántese has que…” y es ahí dónde viene una serie de hechos o circunstancias que inexorablemente utilizamos para consolarnos y menoscabar nuestra dignidad. Aguantase hasta que:

– Te de el anillo.

– Se vayan de viaje

– Se casen

– Tengan hijos

– Los hijos crezcan

 Y así podría continuar con una lista de circunstancias tope que nos hacen pensar que él cambiará, que será mejor persona, que corresponderá nuestras atenciones, nos dedicará más tiempo, y una larga lista de etcéteras.

 Mientras tanto ahí esta esa vocecita que nos obliga a martirizarnos a favor de una falsa esperanza que a lo largo del tiempo no termina sino haciéndonos más daño.

 Creo que nunca es tarde para determinar que no tenemos la necesidad de “aguantarnos”. Si algo he aprendido a lo largo de estos pocos o muchos años es que no podemos cambiar a la gente, y mucho menos recurrir a la culpa y al auto flagelo para tal fin.

Cabe destacar que no soy feminista, , he creído siempre en una igualdad que muchas veces se ve menoscabada por los resabios de un pasado ya superado.

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