Estacionados en la gasolinería, con el cofre abierto y los tripulantes con cara de angustia, se acerca un chismos, perdón, un señor y se presenta como mecánico,  y determinan conjuntamente que el clutch se ha jodido!, el mecanico nos dice:

– Si llegas, si quieres, nos vamos siguiendo en la carretera.

Por un momento nos paso la loca idea de decir, ok, vayámonos así… el dueño del automovil se acerca y nos propone que nos vayamos en autobus, avión, taxi, en lo que fuera, y el se quedaría esperando a su seguro o en su caso lo llevaría a reparar.

Decidimos partir, mis 2 amigas y yo tomamos un taxi para la terminal más cercana, al llegar vimos en el mostrador que había un autobús que salía a las 9pm, estabamos aún en tiempo,  pero ya no había boletos, sino hasta las 11:45. La vendedora nos dijo que había otra terminal en la cual salían cada hora. Volvimos a tomar un taxi, en la nueva terminal pedimos los boletos para las 9:30, ya no había.

-Diana: Bueno denos para las 10pm.

– Vendedora: ya estan vendidos hasta las 4:30am

-Todas: Ahhh!!! no mames! ¿qué hacemos?

Comenzamos a caminar, preguntar, correr, desesperarnos, hasta que otra vendedora nos llama discretamente, teniendo a bien ofrecernos lugares clandestinos, aceptamos inmediatamente, nos dijo que corrieramos hacía no sé donde a esperar el autobús no. 1234, que le ha hablado al chofer para que nos esperara.

Corrimos como nunca, con nuestro equipaje, ah claro! aún teníamos el traje de baño debajo de pocas prendas y mucha arena. Por fin llegamos a la esquina que nos indico la vendera, pero el camión aún no  llegaba…

De pronto, reparamos que eramos 3 mujeres con pocas prendas paradas en na esquina en la noche.

Por fin! el camión 1234 llegó, subimos sin problema alguno, tomamos asiento hasta llegar a Chilpancingo, donde nuevos pasajeros espezaron a llenar el autobús, teniendo como resultado que, yo me quedará sin lugar!!!

Inmediatamente fui con el chofer a reclamar mi asiento, el único lugar disponible era el del copiloto, ps sí, ahí me fui sentada a un lado del chofer con una angustia gigatesca que no me dejo cerrar los ojos todo el camino, por lo tanto me puse a platicar con él, amablemente me ofreció un refresco y una paleta. Acepte la segunda,( no quería tener la nececidad de ir al baño). Fue así como recibí mi único detalle de San Valentín, una paleta.

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