Había encontrado en ese lugar, un sitio de confort, de confianza, un sitio donde podía reír lo bueno de la vida, y llorar sin parar las amarguras de mis días, ahogar las penas y bailar las alegrías.

Fueron casí 6 años que llenaron las paredes de ese lugar de todo tipo de anécdotas, pasaron por sus habitaciones personas y situaciones tan diversas. Creo que aunque quisiera hacer un compendio de vivencias no me alcancaría la memoria para hacerlo. Fue tanto, desde un trago para relajar el día, hasta la celebración de culminación de 5 años de estudio. Parejas se unieron, otras se separaron, se planearon viajes, amigos se forjaron, muchos llegaron buscando un trago y salieron con un amor, experiencias, experimentos, risas, muchas risas.  Hablo de la casa de Weidy, entrañable amiga, lugar mejor conocido como “el depra”

Cualquier cosa era un buen pretexto para reunirnos ahí, era el centro de convenciones por excelencia, no podría  enumerar a todas las personas que en algún momento de su vida se dieron cita en aquél lugar para compartir, para departir, o simplemente porque querían dormir la siesta.

Y como todo en la vida tiene un principio y un final, esto no podía ser la excepción, el contrato de arrendamiento ha llegado a su fin.

Si esas paredes hablaran… seguro necesitarían ir a terapia.

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