Leía en una revista que las comunicaciones y las relaciones sociales se han visto modificadas sustancialmente por lo que es Internet, las redes sociales, mensajeros instantáneos, etcétera.

 Mencionando atinadamente que antes había separaciones físicas, la oficina, los amigos, las parejas, pero ahora todos ellos convergen en un mismo lugar, el Internet, manifestándose en tus contactos de Messenger, y como tus amigos de Facebook.

Antes había normas implícitas de conducta para relacionarse con estos diferentes grupos sociales, pero ahora, ¿qué pasa cuando a todos los tienes en Facebook?, a tus amigos de toda la vida, a los jefes, compañeros de oficina, tu espos@, novi@, incluso hasta desconocidos…

Qué tan prudente es que escribas en tu muro “que buena estuvo la peda de ayer” , o postear en el de alguien más, “y qué si se hizo con la vieja que te fajoneaste en la peda?” o subir tus fotos cuando estas tirado inconciente por exceso de alcohol.

 Ahora bien, según las recomendaciones del artículo que leí debemos preguntarnos si realmente tenemos que agregar a ciertas personas en nuestras redes sociales, y en caso de que ya lo hayamos hecho, estas redes nos proporcionan algunas herramientas de “privacidad”, es decir, se pueden crear grupos y limitar el acceso a tus datos dependiendo el grupo al que pertenezcan, asimismo en caso de que ya hayas agregado a los del trabajo, tendrás que irte olvidando de abrir galletas de la suerte cada 5 min, jugar Farm Ville, Mafia Wars, Happy Aquarium, hacer los 50 millones de test en horas laborales.

Ah!, esta es aportación mía: por ningún motivo deben saber que tienes un blog que de vez en cuando lo actualizas de 9 a 19 hrs.

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